Antonio Fabregat participó por primera vez en un concurso de debate con 16 años. Estaba organizado por la Comunidad de Madrid y versaba sobre la piratería. Fracasó. Tuvo un papel irrelevante y se “dio un golpe de realidad”, en sus propias palabras. Hoy, cinco años después, es campeón del mundo de debate en habla hispana por segundo año consecutivo y semifinalista en inglés.

¿Las claves? Esfuerzo, motivación y aprovechar las oportunidades. Así lo define él mismo: “Hay una frase muy buena que dice: ‘El esfuerzo vence al talento cuando el talento no se esfuerza’. Cuando empecé a debatir no era una persona con demasiado talento. Lo que sí fui es alguien motivado por hacer las cosas mejor”.

Primer paso: luchar contra la fobia

Todos hemos sufrido en alguna ocasión el miedo escénico. La mirada perdida, fallos en la voz y el miedo a hacer el ridículo públicamente. “Hablar en público es una carrera de fondo. Lo importante no es desde dónde sales, sino cuánto pones para reducir esa distancia y acercarte a la meta”.

A sus 21 años, Fabregat se expresa con un desparpajo que ya lo querrían para sí muchos políticos. Como ejercicio práctico para superar el miedo a hablar en público aconseja “generar situaciones similares a las que nos dan miedo, pero que sean confortables. Si a mí me da miedo hablar delante de una persona desconocida, primero lo haré delante de una conocida, luego delante de una que conozca menos pero que me genere confianza, etc…”.

Aprender de los errores: derrota en México

Incluso el mejor bailarín puede pisar sin querer a su pareja. Errar no es sólo humano, sino necesario para seguir aprendiendo y mejorando. “Muchas veces, cuando intentamos aprender alguna cosa, nos quedamos con lo que hacemos bien, pero es fundamental darnos cuenta de qué realizamos mal“.

Fabregat experimentó en sus propias carnes las consecuencias de cometer una equivocación. Fue en el Mundial de debate en México en 2014. “Uno de los mayores errores que he tenido siempre ha sido no prestar suficiente atención a los argumentos del rival. La final del mundial de México de 2014 es el ejemplo más representativo. Yo tenía el último turno de palabra y probablemente la oportunidad de traer el título de campeón mundial de debate para España. Cometí el error de no escuchar bien lo que estaba diciendo mi compañero. Hice un discurso que no estaba mal probablemente, pero que no era lo que se necesitaba para el debate. No escuché lo suficiente y nos costó la final”.

 

Hablar bien es tener pensamiento crítico

Muchos pueden preguntarse qué diferencia a un gran orador de un charlatán o de un vendehúmos. La respuesta está en el pensamiento crítico. “La oratoria no sólo se pone en práctica a la hora de discutir o debatir, sino que también ayuda a profundizar en las ideas, ir un paso más allá: a preguntarnos por qué. El debate nos invita a tener un pensamiento crítico, a saber que el mundo no es ni blanco ni negro, sino que hay una escala de grises”.

Precisamente, desarrollar una estructura argumental es la herramienta de Fabregat para no quedarse en blanco en los mundiales de debate. “Si tienes el discurso estructurado en ideas y te quedas en blanco en una, pasas a la siguiente. Pierdes una idea pero no el discurso”. Hablar bien no es sólo cómo se dice algo, sino lo que se dice.

El lenguaje no verbal

En ocasiones nos gustaría no tener brazos cuando nos toca hablar en público. ¿Meto las manos en los bolsillos? ¿Las muevo cual director de orquesta? ¿Brazos a la espalda como si sonase el himno nacional? Fabregat aboga por la naturalidad.

“Lo más importante es ser natural en nuestras expresiones. Es decir, no queda bien cuando vemos en la clase política o en la televisión una persona que tiene un gesto y lo repite todo el rato porque se lo han enseñado. Los gestos deben acompañar y hacer más sencillo de comprender el mensaje”. También señala la importancia de mantener el contacto visual con todo el mundo para involucrarlos en el discurso.

 

Entrevistas de trabajo

Si Fabregat se presentase a una entrevista de trabajo para ser ingeniero aeronáutico, tendría muchas posibilidades de ser contratado -aunque esté estudiando ADE y Derecho.

Él aconseja no “repetir frases como máquinas, sino sacar de nosotros mismos al mejor candidato posible”. Una vez más, la preparación es fundamental. “Hay que ver dónde están tus puntos fuertes y saber desarrollarlos. El arte de la comunicación y el buen comunicador es saber maximizar los pocos recursos que tengas. Comunicar mejor que otro candidato puede ser la diferencia, además del currículo”.

Modelos a seguir: Barack Obama y Adolfo Suárez

“La capacidad que tiene Barack Obama para conectar con las masas es un don“, asegura el joven, que considera al ex presidente estadounidense y al español Adolfo Suárez grandes oradores. “Suárez ha sido un comunicador distinto. Es una persona que tenía un estilo muy propio y eso, para mí, lo hace una persona muy especial a la hora de dar discursos. Todos recordaremos para siempre el ‘Puedo prometer y prometo'”.

Fabregat consideró fijarse en otros grandes comunicadores y aprender de sus estrategias, pero sin perder la esencia personal. “Ronald Reagan empezaba sus ruedas de prensa contando un chiste de rusos. Un comienzo divertido atrae a la gente. Obama, en cambio, siempre cuenta una historia del sitio al que va, referenciando a la gente que conoció allí. Eso genera empatía. Yo por ejemplo no puedo ser gracioso, no me sale. Pero sí que soy una persona que explica muy bien las historias, las anécdotas. Me gusta incluir anécdotas o analogías que explican mejor los motivos que estoy argumentando”.

 

La meta final: abrir el corazón

Se podría decir que Fabregat está cerca del final de esta carrera de fondo tras los campeonatos logrados y haber montado una asesoría de comunicación con 21 años llamada Train and Talk -¡hasta Mariano Rajoy le sigue en Twitter!.

Sin embargo, ni siquiera la meta está cercana para el mejor orador del mundo. “Me cuesta mucho compartir mis propias historias. Recientemente, por motivos laborales tuve que compartir una historia personal. Confieso que me fue mucho más complicado que alguna final de debate en la que haya estado porque me abandonó esa capacidad de razonar, porque tenía que abrirme”.

Para llegar a esa meta cuenta con su equipo y su mentor, Francisco Valiente, conocido como el Gandalf del debate. Juntos ayudan a personas y empresas que quieren acercarse un poquito más a sus sueños, con el uso de la palabra.

Fuente: El Mundo